
- El pasado 26 de marzo de 2026, el Clúster de Energía de la Comunitat Valenciana y la Asociación Valenciana de Empresarios de Plásticos (AVEP) organizaron el desayuno de trabajo «Gestión energética eficiente en empresas industriales», que tuvo lugar en el CEEI Valencia (Centro Europeo de Empresas e Innovación de Valencia), ubicado en el Parque Tecnológico de Paterna.
El evento «Gestión energética eficiente en empresas industriales» comenzó con la inauguración a cargo de Cristina Monge, directora de AVEP – Asociación Valenciana de Empresarios del Plástico, y Enrique Bayonne, director del Clúster de Energía de la Comunitat Valenciana.
Cristina Monge puso en valor la colaboración entre AVEP y el Clúster de Energía para reforzar la competitividad del tejido empresarial en un momento en el que la energía ha pasado a ocupar un papel central en la industria. Destacó que este tipo de cooperación permite acercar a las empresas conocimiento, soluciones tecnológicas, oportunidades de colaboración y una visión más amplia sobre los retos energéticos actuales, desde la eficiencia y la descarbonización hasta la necesidad de adaptarse a un entorno cada vez más exigente. La energía ya no puede entenderse como un asunto secundario o exclusivamente técnico, sino como un factor decisivo para la sostenibilidad, la innovación y el futuro de las empresas.

Por su parte, Enrique Bayonne remarcó que el contexto actual ha cambiado por completo la forma en que las empresas deben mirar la energía. Señaló que factores como la situación geoestratégica internacional, la volatilidad de los precios, la presión regulatoria y la necesidad de avanzar en descarbonización han convertido la energía en mucho más que un coste operativo. Hoy representa un factor estratégico que condiciona la competitividad, la capacidad de adaptación y las decisiones de inversión de cualquier empresa industrial. En ese nuevo escenario, conceptos como energía, almacenamiento, eficiencia o electrificación han dejado de formar parte exclusivamente del lenguaje técnico para incorporarse al núcleo de la conversación directiva. Ya no son términos reservados a ingenieros o especialistas, sino elementos centrales de la estrategia empresarial para ganar solidez, reducir exposición al riesgo y competir mejor en un entorno cada vez más exigente.
A continuación, comenzaron las presentaciones de destacados ponentes.

La primera intervención, a cargo de Asensio Martinez de Compras 58, situó el debate en el terreno más inmediato: el mercado eléctrico sigue siendo volátil, y quien lo afronte con pasividad probablemente acabará pagando esa falta de estrategia. Su presentación defendió el valor de una compra energética profesionalizada, apoyada en agregación de volúmenes, conocimiento de mercado e independencia en la negociación. Se mostraron datos de volumen negociado con un peso dominante de la electricidad, y se insistió en que la clave no es solo «comprar barato», sino elegir bien el momento de cierre, el tipo de contrato y el seguimiento posterior del consumo. La presentación también llamó la atención sobre un punto relevante que muchas empresas siguen infravalorando: aunque los precios de mercado se hayan normalizado tras la crisis de Ucrania en rangos más moderados, los servicios de ajuste y las restricciones han ganado peso como componente significativo del coste. Es decir, quedarse solo con el precio OMIE ya no basta para entender la factura real. También se repasaron oportunidades regulatorias concretas, como la reducción del impuesto eléctrico, la posibilidad de modificaciones adicionales o temporales de potencia contratada y el encaje del consumidor electrointensivo, con beneficios ligados a peajes o compensación de CO2.

La segunda presentación, a cargo de Sergio López de Cubierta Solar, presentó un caso aplicado de almacenamiento industrial. La tesis central fue que el autoconsumo fotovoltaico por sí solo ya no siempre es suficiente; el verdadero salto de valor aparece cuando se combina con almacenamiento y con un sistema de gestión energética capaz de decidir cuándo consumir, cuándo almacenar y cuándo apoyarse en red. En el caso de éxito el problema no era instalar más paneles, sino aprovechar mejor una planta fotovoltaica de aproximadamente que ya generaba excedentes en determinadas franjas. La solución implementada consistió en integrar ocho baterías industriales y un sistema EMS para redirigir los flujos energéticos: primero cubrir consumo instantáneo, después almacenar excedentes y, cuando baja la producción o crece la demanda, descargar batería antes de recurrir a la red. La energía deja de gestionarse como un flujo lineal y pasa a gestionarse como un sistema dinámico.

La tercera ponencia, a cargo de Nora Iglesias, jefa de producto CAE de Iberdrola, puso el foco a los Certificados de Ahorro Energético. Es un sistema que aún genera mucha confusión en el tejido empresarial. Explicó que el CAE certifica ahorro anual de energía final y permite monetizar actuaciones de eficiencia, recuperando parte de la inversión. También se diferenciaron con claridad las actuaciones estandarizadas, vinculadas a fichas, y las singulares, que requieren modelización y verificación específica.
Nora apoyó ese marco con ejemplos de aplicación. Destacó el caso de Tubos Reunidos Group, con una actuación singular sobre un horno de solera rotativo, un ahorro energético declarado de 16.137 MWh al año y un retorno superior al 200 por ciento. A ello se sumaron actuaciones sobre aerotermia, refrigeración y recuperación de calor, con cifras de monetización que mostraban que el sistema puede tener un impacto económico real. El mensaje de fondo fue que el CAE puede ser una palanca potente para acelerar decisiones de inversión, pero exige rigor documental, comprensión de las reglas y un socio que sepa estructurar bien la operación.

La cuarta intervención, a cargo de Félix Vicuña de EPSA, mostró soluciones de eficiencia energética en plantas industriales. Prácticamente todo lo que en una fábrica calienta, enfría o mueve puede convertirse en una oportunidad de ahorro certificable. El gran peso de la eficiencia y ahorros CAE se está concentrando en el sector industrial, que es donde están los consumos más intensivos, las oportunidades más recurrentes y los proyectos con mayor capacidad de justificación económica.
Félix mostró casos vinculados a centrales de frío, intercambiadores, recuperación de calor, economizadores, extrusión y vapor industrial, con cifras de inversión, ingresos por CAE, rentabilidad y plazos de cobro relativamente ágiles. Esa batería de ejemplos sirvió para trasladar una idea muy concreta: la monetización del ahorro puede desbloquear proyectos que antes se quedaban atascados por falta de prioridad financiera. Hoy la eficiencia energética industrial puede producir ahorro operativo y también ingreso adicional, y esa doble condición cambia completamente la conversación en dirección y finanzas.

La última presentación, a cargo de Andrés Lluna del ITE, llevó el debate a un nivel más avanzado y transformador. La eficiencia energética industrial del futuro pasa por gestionar sistemas complejos con herramientas digitales capaces de emular, anticipar y optimizar decisiones. El eje de la ponencia fue el Gemelo Digital Energético, definido como una réplica digital de procesos, máquinas, líneas o plantas que permite mejorar rendimiento, sostenibilidad y toma de decisiones. Lo importante aquí no es solo la tecnología en sí, sino el cambio de enfoque: la energía deja de analizarse por separado y se integra con producción, calidad, logística, mantenimiento y ciclo de vida.
Andrés mostró aplicaciones reales en una línea textil, donde el gemelo digital ayudó a reducir un 36 por ciento el agua vertida y, con ello, el consumo energético asociado; en maquinaria de fabricación, con modelos predictivos para detectar desviaciones y planificar mejor; y en una planta de baterías, donde la reorganización operativa apoyada en simulación permitió elevar el OEE del 57,04 por ciento al 82,33 por ciento. Además, el ITE conectó el GDE con huella de carbono, análisis de ciclo de vida y pasaporte digital de producto, lo cual es relevante porque introduce una visión más madura: la eficiencia energética seria no consiste solo en gastar menos kWh, sino en comprender mejor cómo funciona el sistema industrial completo y cómo se relaciona con la sostenibilidad y la competitividad.
Visto en conjunto, el evento dibujó una hoja de ruta para la industria. Entender el mercado y comprar mejor la energía. Adaptar contratos, potencias y figura regulatoria a la realidad del consumo. Maximizar el autoconsumo y usar almacenamiento cuando tenga sentido técnico y económico. Monetizar los ahorros mediante CAE para acelerar inversiones. Y avanzar hacia una gestión energética integrada y digitalizada capaz de optimizar de manera continua.
La gestión energética eficiente en la industria ya no se puede reducir a una auditoría, a una instalación fotovoltaica o a una negociación anual con comercializadoras. Exige una combinación de lectura de mercado, inteligencia contractual, inversión selectiva, aprovechamiento regulatorio, digitalización y capacidad de ejecución. Cada ponencia atacó una parte distinta del problema, pero juntas construyeron un mensaje sólido: la competitividad industrial futura dependerá, en buena medida, de la capacidad de las empresas para tratar la energía como un sistema gestionable, monetizable y optimizable, y no como un coste fijo que simplemente hay que soportar.
