
El pasado 29 de abril se celebró en València la jornada «Energía en la Ciudad del Futuro: Soluciones Reales para Desafíos Urbanos», organizada por la Cátedra de Transición Energética Urbana de la UPV y el Clúster de Energía de la Comunitat Valenciana. El encuentro reunió a representantes institucionales, entidades técnicas, centros de investigación y empresas para abordar una cuestión central: cómo transformar la ciudad existente —sus edificios, barrios, redes, movilidad y modelos energéticos— en un entorno más eficiente, electrificado, resiliente y sostenible. La jornada contó con la participación de la Capitalidad Verde Europea, el IVE, la UPV, ITE, GDES, i-DE y GBCe, y finalizó con una mesa coloquio moderada por Enrique Bayonne sobre los retos reales de la ciudad del futuro.





La presentación del proyecto BARRIO, a cargo de Blanca Larraz, puso el foco en una idea clave: la transición energética urbana no puede depender únicamente de intervenciones aisladas edificio a edificio. El proyecto plantea escalar la rehabilitación energética mediante planes agregados a nivel de barrio, aprovechando economías de escala, simplificación administrativa, contratación conjunta, mejor financiación e impacto social acumulado. Su herramienta permite conectar demanda y oferta, definir ámbitos de actuación, agrupar edificios, proyectar medidas de renovación —ventanas, envolvente, sistemas y renovables— y generar hojas de ruta de rehabilitación agregada con indicadores de inversión, reducción de energía primaria, energía final, emisiones y factura energética.

La intervención sobre La Harinera, presentada por José Luis Vivancos, mostró un caso muy concreto de optimización energética avanzada aplicada a patrimonio industrial rehabilitado. El análisis evaluó el comportamiento energético de un edificio público existente mediante auditoría, termografía, modelización BIM y simulación energética, con el objetivo de aproximarlo a estándares NZEB. Aunque el edificio obtiene calificación B y se comporta mejor que el edificio de referencia, el estudio identifica todavía un consumo elevado y margen significativo de mejora, especialmente en refrigeración e iluminación. Las medidas combinadas propuestas —ajuste de consignas, ventilación nocturna, mejora de envolvente, control solar y ampliación renovable— permitirían reducir de forma relevante demanda, consumo y emisiones, aunque alcanzar un estándar NZEB exigiría actuaciones adicionales.

La presentación de Caterina Tormo, del ITE, abordó el proyecto MUSOL desde la perspectiva de la movilidad urbana inteligente y sostenible. El proyecto desarrolla metodologías y herramientas para definir soluciones de movilidad urbana basadas en electromovilidad, inteligencia artificial, interoperabilidad y participación ciudadana. Entre sus líneas destacan la calculadora de ahorro V2G, la detección de anomalías en estaciones de recarga, la predicción de demanda para operadores de puntos de carga, el impulso de estándares como OCPP 2.1 y OCPP.Lite, y el soporte a la estandarización de los Planes de Movilidad Urbana Sostenible. El planteamiento es acertado porque conecta movilidad eléctrica, datos, red, usuario y planificación urbana, que suelen tratarse por separado cuando en realidad forman parte del mismo sistema.

Fernando Giner presentó el modelo CEL Toda Valencia, una propuesta de comunidades energéticas locales orientada a poner la ingeniería al servicio de la sociedad, especialmente en municipios rurales valencianos. El modelo se apoya en una colaboración público-privada entre GDES, Edinor-Repsol y Cámara Valencia, combinando ingeniería llave en mano, gestión energética, digitalización, acceso a fondos, conexión institucional y acuerdos municipales. Como caso de éxito, se expusieron 9 instalaciones desde Ademuz hasta Vallada, con 300 kWp de potencia instalada, 545 módulos fotovoltaicos, 465.422 kWh producidos al año y 500 familias y comercios beneficiados directamente. El mensaje principal fue que las comunidades energéticas no deben medirse solo en kilovatios, sino también en ahorro, cohesión territorial, lucha contra la pobreza energética y retorno social.


Javier Bon, responsable de planificación de la Región Este en i-DE, centró su intervención en el papel crítico de la red eléctrica en la ciudad del futuro. El argumento de fondo probablemente fue que la red ya no puede entenderse como una infraestructura pasiva diseñada solo para transportar electricidad desde grandes centros de generación hasta consumidores finales. La electrificación de la movilidad, la climatización, los edificios de consumo casi nulo, el autoconsumo, las comunidades energéticas y la generación distribuida obligan a planificar una red más flexible, digitalizada y bidireccional. El reto no es solo invertir más, sino anticipar dónde crecerá la demanda, dónde aparecerá nueva generación, cómo coordinarse con el planeamiento urbano y cómo evitar tanto cuellos de botella como sobredimensionamientos inútiles.

La jornada concluyó con la mesa coloquio «La Ciudad del Futuro», moderada por Enrique Bayonne, director del Clúster de Energía de la Comunitat Valenciana, y con la participación de Antonio García Celda, director general de Capitalidad Verde Europea; Carla Montagud Montalvá, directora de la Cátedra de Transición Energética Urbana de la UPV; Javier Bon, responsable de Planificación Región Este de i-DE; Blanca Larraz, arquitecta del Instituto Valenciano de la Edificación; y Alfons Ventura, del área de Desarrollo y Contenidos de GBCe, Green Building Council España. El debate permitió conectar la visión institucional, la planificación urbana, la rehabilitación energética, la red eléctrica, la transferencia de conocimiento y los estándares de sostenibilidad en torno a una pregunta común: qué decisiones deben tomarse hoy para que València avance hacia un modelo urbano más eficiente, descarbonizado, resiliente e inclusivo.

Permitió aterrizar el debate en las grandes tensiones de la transición urbana. Desde la visión institucional, se planteó que la Capitalidad Verde Europea debe traducirse en legado real, no en un reconocimiento puntual: decisiones urbanas, presupuestarias y regulatorias que aceleren rehabilitación, movilidad sostenible, electrificación y adaptación climática. Desde la edificación, se insistió en que la gran ciudad del futuro no se construirá únicamente con nuevos barrios eficientes, sino rehabilitando masivamente el parque existente. Ahí aparecen los bloqueos reales: coste, gobernanza en comunidades de propietarios, tramitación, falta de agregación de demanda, escasez de profesionales y dificultad para convertir proyectos piloto en actuaciones replicables.

También se abordó la brecha entre investigación e implementación. La transferencia de conocimiento, la formación de profesionales y la coordinación entre administración, empresas, ciudadanía y centros tecnológicos aparecen como condiciones imprescindibles para que las soluciones no se queden en demostradores. En el plano eléctrico, la discusión apuntó a la necesidad de integrar planificación energética y urbanística; y desde GBCe se amplió el enfoque: una ciudad sostenible no puede evaluarse solo por su consumo energético, sino también por ciclo de vida, materiales, salud, resiliencia, inclusión y calidad urbana. La conclusión lógica de la mesa fue clara: habrá negocio real detrás de la ciudad sostenible solo si se pasa de proyectos subvencionados a modelos estables, medibles y financiables, donde el ciudadano deje de ser receptor pasivo y participe como usuario, propietario, inversor, consumidor y beneficiario directo de la transición.
