Gran éxito de la jornada «Transición Digital y Energética en el Agro Valenciano»

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El pasado 15 de abril de 2026, celebramos con gran éxito la jornada «Transición Digital y Energética en el Agro Valenciano» en las instalaciones de Picassent Solar, el primer Living Lab agrovoltaico de la Comunitat Valenciana. El evento, organizado conjuntamente por el Clúster de Energía de la Comunitat Valenciana (CECV) y La Unió Llauradora i Ramadera, reunió a representantes institucionales, investigadores, empresas tecnológicas y agricultores en torno a un objetivo común: demostrar que la agrovoltaica es una oportunidad real y viable para el sector agrario valenciano. A lo largo de la mañana se presentaron casos de éxito, modelos de predicción y propuestas concretas de integración entre producción agraria y generación de energía renovable, cerrando con una animada mesa coloquio que puso de manifiesto el creciente interés y la madurez del sector para dar el salto a escala. La jornada concluyó con un aperitivo de networking que permitió seguir tendiendo puentes entre todos los agentes de la cadena.

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La jornada comenzó con un recorrido por las instalaciones agrovoltaicas en funcionamiento de Picassent Solar, una visita que permitió a los asistentes ver de primera mano cómo conviven paneles y cultivos en un entorno real. Ese punto de partida práctico marcó el tono de todo lo que vino después.

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Tras la visita siguió el bloque de inauguración, comenzando con Ricardo Romaguera, presidente del Clúster de Energía de la Comunitat Valenciana, abrió la jornada con la convicción de quien lleva años apostando por la agrovoltaica cuando todavía era una tecnología desconocida en España. Subrayó que la Comunitat Valenciana tiene una posición privilegiada para liderar esta transición, con instalaciones como Picassent Solar como referente nacional, y animó a agricultores, empresas energéticas e instituciones a trabajar de forma coordinada. Para Ricardo, la agrovoltaica no es el futuro: es ya una realidad que genera valor económico real en el campo valenciano, y jornadas como esta son la mejor prueba de que el sector está maduro para escalar.

Siguió José Castro, director de proyectos de La Unió Llauradora y Ramadera, tomó la palabra para trasladar la perspectiva del agricultor, recordando que cualquier tecnología que llegue al campo debe responder primero a una pregunta básica: ¿mejora la vida del viticultor o del fruticultor? Desde La Unió, destacó que la agrovoltaica abre una vía real para mejorar la rentabilidad de las explotaciones, especialmente en un contexto de costes crecientes y precios agrarios bajo presión. José insistió en que el acompañamiento técnico y la formación son clave para que los agricultores puedan tomar decisiones informadas, y celebró que eventos como este acerquen el conocimiento directamente a quienes trabajan la tierra.

Y a continuación Vicente Tejedo Tormo, Secretario Autonómico de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca y Director de la Agencia Valenciana de Fomento y Garantía Agraria, Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, trasladó el respaldo institucional a la agrovoltaica como herramienta de política agraria, enmarcándola dentro de los objetivos de la PAC 2023-2027 y de la estrategia de transición ecológica del sector primario valenciano. Reconoció que desde el gobierno valenciano se está trabajando para adaptar el marco regulatorio y los instrumentos de ayuda a esta nueva realidad, facilitando que las explotaciones puedan integrar la generación renovable sin perder su carácter agrícola. Vicente cerró su intervención apelando a la colaboración entre administración, sector energético y organizaciones agrarias como la clave para que la agrovoltaica tenga un impacto real y duradero en el territorio.

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Pasando al bloque de las presentaciones, la primera corrió a cargo de Zulema Sousa Hernández, EMIN Energy Management e investigadora de la Cátedra Agrivoltaica de la UPV, quien presentó el trabajo que está desarrollando junto a la Cátedra Agrivoltaica de la Universitat Politècnica de València en torno a la primera planta piloto agrovoltaica sobre cultivo de cítricos de la Comunitat Valenciana, ubicada en una finca de mandarinos Tango Gold en Llíria. La instalación, de 30 kWp, incorpora dos configuraciones — estructura fija y seguidor solar — y un sistema avanzado de sensorización que permite comparar tres zonas: control, estructura fija y estructura móvil, midiendo variables microclimáticas, energéticas y agronómicas a lo largo de varias campañas completas.

Zulema subrayó que hasta ahora apenas existían datos contrastados sobre el comportamiento de los cítricos bajo estructuras agrovoltaicas debido a la complejidad y el coste de las instalaciones necesarias para árboles de esta altura, y que el objetivo de su investigación doctoral es precisamente cubrir ese vacío con evidencias sólidas y extrapolables a todo el sector. En sus palabras, la agrovoltaica representa una oportunidad real para mejorar la competitividad de las explotaciones citrícolas valencianas, pero su implantación exige diseños adaptados a cada cultivo y clima, y eso requiere investigación rigurosa en campo, algo que este proyecto está aportando por primera vez en la Comunitat.

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Siguió Enrique Bayonne Sopo, director del Clúster de Energía de la Comunitat Valenciana, quien presentó el proyecto GO SOLARWINE como una respuesta concreta y ya en marcha a las dos grandes amenazas que acechan al viñedo español: el cambio climático y el coste energético. Apoyándose en datos científicos recientes, recordó que un aumento de apenas 2°C podría dejar fuera de producción al 56% de las regiones vitícolas tradicionales del sur de Europa, y que efectos como las sequías recurrentes, los cambios bruscos de temperatura y la alteración de la maduración de la uva ya son una realidad cotidiana para muchos viticultores. Frente a este escenario, GO SOLARWINE propone validar en condiciones reales una solución basada en tecnología agrovoltaica y agricultura 4.0, con uso de sensórica, visión artificial, machine learning e inteligencia artificial, y con dos pilotos en funcionamiento: Mas Rabell en el Penedès, con variedad Sumoll, y Huerto Carrasco en Fuentealbilla, con variedad Bobal, donde 152 y 160 módulos respectivamente, instalados a 5 metros de altura, generarían más de 220 MWh anuales combinados con un rendimiento superior al 85%, reduciendo la radiación directa sobre el cultivo en torno al 22%, muy por debajo del umbral crítico del 40%.

Enrique subrayó que los beneficios van mucho más allá de la generación de energía: la sombra de los paneles crea un microclima que protege la vid del estrés térmico e hídrico, reduce la evaporación hasta un 29% y mejora la calidad y productividad de la uva, mientras que económicamente la parcela puede revalorizarse hasta un 30% y abrirse a nuevas fuentes de ingresos mediante el autoconsumo y la venta de excedentes a la red. El proyecto, financiado en un 80% por FEADER y un 20% por el MAPA con un presupuesto total de 706.696€, no solo sentará las bases para una guía de buenas prácticas replicable en todo el sector vitivinícola nacional, sino que aspira a ser la semilla de un nuevo modelo de comunidades energéticas agrovoltaicas capaces de abastecer hasta 500 consumidores en un radio de 50 km, contribuyendo así a la fijación de población joven y al desarrollo sostenible del mundo rural.

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Siguió José Morán, responsable técnico de La Unió Llauradora i Ramadera, que presentó el proyecto GO Control, una iniciativa cofinanciada por el FEADER y el Ministerio de Agricultura que combina energía fotovoltaica, tecnología digital e inteligencia artificial para optimizar el riego en explotaciones con bombeo solar. El punto de partida es un problema bien conocido en el campo: la gestión del agua sigue siendo reactiva, la dependencia de la red eléctrica encarece los costes y las herramientas digitales apenas han llegado al sector. GO Control responde a todo ello con un sistema predictivo que analiza el estado del cultivo, las condiciones climáticas y del suelo, y la disponibilidad de energía solar en cada momento para decidir cuándo y cuánto regar. Los algoritmos, basados en machine learning, redes neuronales y lógica difusa, permiten anticipar la demanda de agua y aprovechar al máximo la producción fotovoltaica disponible.

El sistema ha sido validado en dos entornos reales: en Castilla y León, con cultivos de cereal, cebolla y maíz cubriendo el 50% de la energía con solar, y en la Comunidad Valenciana, con aguacate y cobertura solar del 100%. Los resultados apuntan a un ahorro significativo tanto en agua como en costes energéticos, además de mejorar el rendimiento de las cosechas. Morán subrayó también el valor social del proyecto: digitalizar el trabajo de campo facilita el relevo generacional y mejora la calidad de vida del agricultor. El modelo es transferible a cualquier región española con riego solar.

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La última presentación corrió a cargo de Héctor Gil, CEO de Building Blocks, quien arrancó su intervención con un dato que pone en perspectiva la urgencia del problema: según un estudio publicado en Nature Reviews Earth & Environment, el 90% de los viñedos costeros de España, Italia y Grecia podrían desaparecer a finales de siglo. No es una proyección catastrofista, sino ciencia revisada por pares. Las temperaturas máximas han subido más de 2°C en España e Italia desde 1980, la vendimia se adelanta ya entre dos y tres semanas respecto a hace cuatro décadas, y más de la mitad de las regiones vinícolas mundiales están en riesgo si el calentamiento supera los 2°C.

Frente a ese escenario, Héctor presentó los modelos de predicción agrovoltaica que desarrollan desde Building Blocks: sistemas de inteligencia artificial que optimizan la convivencia entre cultivos y paneles solares resolviendo un dilema concreto, la luz solar es un recurso finito que tanto la vid como el panel necesitan. La clave está en que más sol no siempre es mejor para la planta: a partir de cierto umbral de radiación, la vid cierra estomas, pierde agua y reduce su producción. El panel, bien gestionado, puede devolver a la planta a su zona óptima de fotosíntesis. El modelo calcula hora a hora, y parcela a parcela, cuál es el ángulo óptimo de los paneles según la fase fenológica del cultivo, las condiciones meteorológicas previstas y el historial de la parcela. Los datos vienen de tres fuentes combinadas: el cielo —estaciones meteorológicas, satélite, previsiones a 3-7 días—, la propia vid —índices de vigor satelital, sensores de suelo, dendrómetros— y la instalación fotovoltaica. Los resultados en casos reales son elocuentes: en Piolenc, Francia, seis años de datos de Sun’Agri e INRAE muestran un 41% menos de consumo de agua, 2°C menos de temperatura en el cultivo y vinos con mejor perfil aromático en catas ciegas.

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El evento siguió con una interesantísima mesa coloquio, que reunió a cuatro voces complementarias para abordar uno de los debates más relevantes del agro valenciano: cómo hacer que la agrovoltaica deje de ser una promesa y se convierta en una realidad consolidada en el campo. Moderada por Susana Bello, secretaria general técnico de CEOE Ávila, y contó con los participantes Ricardo Romaguera, José Castro, Zulema Sousa y se unió Ángel Marhuenda Fluixà, director general de Política Agraria Común en la Generalitat Valenciana.

La conversación arrancó con un consenso claro entre los participantes: la regulación y la confianza del agricultor son los dos grandes factores que condicionan hoy el avance del sector. A partir de ahí, el debate fue ganando profundidad. Zulema Sousa aportó la perspectiva técnica e investigadora, subrayando que la evidencia científica respalda cada vez más la compatibilidad real entre producción agrícola y generación energética, especialmente en cultivos mediterráneos sometidos a estrés hídrico y térmico creciente. Ricardo Romaguera trasladó el punto de vista del sector energético, destacando las oportunidades económicas que ofrece el momento actual y la importancia de diseñar instalaciones que se adapten de verdad a las necesidades del cultivo, no al revés. José Castro puso el foco en el agricultor, apuntando que la clave para que este tipo de proyectos sean bien recibidos en el campo está en garantizar que la actividad agraria siga siendo el centro, con ingresos complementarios y sin perder el control de la explotación. Ángel Marhuenda cerró cada bloque con la visión institucional, reconociendo los avances normativos en marcha y la voluntad de la Generalitat de acompañar estas iniciativas desde la política agraria. El tono general fue de optimismo constructivo: hay tecnología, hay financiación europea disponible y hay voluntad política. El reto ahora es traducir todo eso en proyectos concretos que funcionen sobre el terreno.

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