La energía se consolida como factor estratégico para la competitividad de la industria del packaging

202604Abril27-Diálogo Intracluster-Geopolítica Energía-Materias Primas

  • El Diálogo Intracluster «Geopolítica, energía y materias primas» analizó cómo la volatilidad energética, los conflictos internacionales y las tensiones logísticas están afectando a los costes, márgenes y cadenas de suministro del sector.
València, 27 de abril de 2026. La energía ya no puede entenderse únicamente como un coste más dentro de la cuenta de resultados de las empresas. En el actual contexto internacional, marcado por la tensión geopolítica, la volatilidad de los mercados energéticos y la presión sobre materias primas y rutas logísticas, se ha convertido en un factor estratégico de competitividad, resiliencia y seguridad industrial.

Esta fue una de las principales conclusiones del Diálogo Intracluster «Geopolítica, energía y materias primas», organizado por el Cluster de Innovación en Envase y Embalaje, con la colaboración de IVACE de la Generalitat Valenciana. El encuentro reunió a expertos del ámbito energético, industrial, financiero y de materias primas para analizar el impacto de la situación internacional sobre el sector del packaging.

En la sesión participaron Enrique Bayonne, director del Cluster de la Energía de la Comunitat Valenciana; Jaime García, CEO de GUZTEC POLYMERS; David Garcés, director de Compras en Lecta; Jesús Pérez López, director del Cluster de Innovación de Envase y Embalaje; y Carlos Sánchez Cisneros, director en Banco Cooperativo Español. Todos ellos coincidieron en que las empresas deben prepararse para operar en un entorno en el que la incertidumbre, más que una anomalía puntual, se ha convertido en una condición estructural del mercado.

Durante su intervención, Enrique Bayonne señaló que la crisis energética no debe interpretarse como una situación pasajera. «Llevamos años hablando de crisis energética como si fuera algo temporal, pero lo que estamos viendo es un cambio de fondo: vivimos en un mercado energético estructuralmente frágil, donde un evento geopolítico a miles de kilómetros puede alterar los costes de una empresa en cuestión de semanas», destacó. Explicó que el principal riesgo para las empresas no es únicamente el precio alto de la energía, sino la volatilidad persistente. Esta volatilidad dificulta la planificación de compras, la negociación de contratos, la elaboración de presupuestos, la protección de márgenes y la capacidad de trasladar costes al cliente final. En sectores intensivos en energía, transporte o materias primas, como ocurre en buena parte de la cadena de valor del envase y embalaje, esta situación tiene un impacto directo sobre la competitividad empresarial.

El director del Cluster de la Energía subrayó además la paradoja española: España ha avanzado de forma notable en generación eléctrica renovable, pero sigue siendo vulnerable en otros ámbitos esenciales. La electricidad representa solo una parte del consumo energético final, mientras que transporte, logística, industria térmica y determinados procesos productivos continúan dependiendo en gran medida del gas y del petróleo. Por ello, advirtió que la transición energética mejora la posición competitiva del país, pero no lo blinda frente a las tensiones internacionales.

En este sentido, Bayonne defendió que las empresas deben abordar la energía desde una perspectiva estratégica. Entre las principales líneas de actuación, apuntó a la eficiencia energética, la gestión profesionalizada de los contratos de suministro, la reducción de la exposición a combustibles fósiles cuando sea técnica y económicamente viable, el autoconsumo, el almacenamiento, la diversificación de proveedores y una mayor integración entre compras, producción, energía, inventario y política comercial.

«La geopolítica no se puede controlar, pero la exposición al riesgo sí puede reducirse. En este entorno, la ventaja competitiva no la tendrá solo quien produzca más barato en condiciones normales, sino quien sea capaz de seguir operando mejor cuando las condiciones dejan de ser normales», afirmó.

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El debate también abordó el impacto directo de la tensión energética sobre las materias primas. En el caso de los polímeros derivados del petróleo, Jaime García explicó que la inestabilidad geopolítica y los problemas de suministro han provocado un fuerte incremento de costes. Durante el encuentro se señaló que el precio del polipropileno, una materia prima clave para el sector, ha pasado de aproximadamente 1,10 €/kg antes del conflicto a situarse en torno a los 2 €/kg, prácticamente duplicando su coste.

A esta presión se suman los problemas logísticos derivados de la tensión en rutas internacionales. Los bloqueos y retrasos en corredores estratégicos como el Canal de Suez han alargado los tiempos de tránsito marítimo. En el encuentro se apuntó que los envíos desde zonas como Arabia Saudí han pasado de unos 45 días a alcanzar aproximadamente los 70 días, lo que obliga a muchas empresas a revisar sus cadenas de suministro, aumentar stocks de seguridad y asumir mayores tensiones de circulante.

Por su parte, David Garcés expuso la situación de materiales como la celulosa, el papel, el cartón y determinados productos químicos, esenciales en numerosas aplicaciones de packaging. Estos materiales, aunque no siempre dependen directamente del petróleo, sí están muy expuestos al coste energético de sus procesos productivos. En este contexto, la coordinación entre compras, ventas y producción se vuelve imprescindible para proteger márgenes y asegurar el suministro.

Desde la perspectiva financiera, Carlos Sánchez Cisneros analizó cómo este escenario de volatilidad afecta a la tesorería de las empresas. La incertidumbre obliga a anticipar escenarios, reforzar la planificación financiera y no esperar a que los problemas de costes, liquidez o márgenes estén plenamente materializados. La gestión del riesgo, en este sentido, pasa a formar parte de la estrategia empresarial y no solo de la respuesta coyuntural ante una crisis.

Los expertos coincidieron en que el sector del envase y embalaje afronta un escenario complejo, en el que confluyen energía, materias primas, logística, fiscalidad ambiental, inflación y presión competitiva. Esta combinación obliga a las empresas a trabajar con mayor visibilidad de costes, más capacidad de adaptación y una relación más estrecha con proveedores y clientes.

El encuentro dejó una conclusión clara: la industria del packaging deberá operar en un entorno donde la agilidad, la cooperación y la anticipación serán tan importantes como la eficiencia productiva. Las empresas que mejor resistan no serán necesariamente las de mayor tamaño, sino aquellas capaces de reducir su vulnerabilidad, diversificar riesgos y convertir la energía y la cadena de suministro en elementos centrales de su estrategia competitiva.

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